miércoles, 5 de diciembre de 2012

Entre la militancia y el cambio

Hace unos días participé en el Festival Nacional de la Juventud en Cartagena de Indias, y fue una experiencia muy enriquecedora que me puso a pensar sobre diferentes temas muy interesantes.

Entre los temas del Festival, había un espacio que me causó mucha curiosidad y al cual me aventuré a ir, este trataba sobre “Diversidad, incidencia e inclusión social”. Tenía mucha expectativa sobre lo que iban a hablar. El tema rodó sobre LGTBI, afro-descendencia y mujer, en donde cada uno de los ponentes habló sobre su experiencia, estadísticas y casos de intolerancia.

Pero varias cosas me llamaron la atención en particular, entre ellas una crítica que hacía el líder de un colectivo LGTB (Sí, LGTB ya que no representaban a la I por no conocer a nadie intersexual) sobre la no militancia de muchos miembros de la comunidad LGTBI, así mismo, el centro del discurso de todos los ponentes defendiendo su posición de minoría.

Al escuchar todo esto confirmé algo sobre mi mismo, y es que definitivamente soy anti militante, y más que eso, soy anti pro leyes a favor de cualquier minoría! Quería gritarlo abiertamente y sentir las miradas inquisidoras que toda la multitud que había en ese recinto, porque hasta cierto punto me cuestioné acerca de que si seré demasiado rígido con mis dogmas o si tendré adeptos. Pero es cierto, y más al escuchar otra afirmación del primer ponente la cual decía que “me he dado cuenta que las causas comunes no existen, realmente lo que existen son inconformidades individuales que juntas generan la ilusión de luchar por una causa en común”, así mismo continuaba el ponente, “hay personas que no se sienten identificados con la causa y por eso no salen a marchar”. Pero la situación es precisamente esa, el entrar en el juego de las inconformidades individuales esperando que sea una inconformidad del común y que además de eso, todos se sientan identificados y salgan a marchar o a luchar por esa “causa en común”.

Cuando una minoría sale a luchar “por sus derechos” me parece un acto de legitimación de la exclusión que sienten, ya que es un acto en sí mismo de exclusión. Es un acto que reafirma que son diferentes a los otros a pesar de buscar una “igualdad”, es decir, ¿cómo exigir ser tratados bajo el principio de igualdad si solo exigen “derechos específicos”?.

Una militancia real es aquella que debe buscar que TODO ser humano sea tratado de forma justa y que deba tener los mismos derechos y deberes a los demás, sin importar raza, edad, género, orientación sexual o condición física. Una militancia real debe buscar que TODO acto de intolerancia y discriminación debe estar penalizado, no solo los actos de agresión contra las mujeres, o contra la comunidad LGTBI, o contra los afro-descendientes, o contra las personas que padecen de una enfermedad o una deficiencia física.

Sí realmente lo que estos grupos buscan que la constitución política de Colombia sea una carta democrática e incluyente, deberían unirse y eliminar toda etiqueta social. Que dentro de la carta magna no hayan especificaciones de “solo sí” que favorezcan a un grupo, sino que sean párrafos abiertos que abarquen a todas las personas.

La carta magna debe velar por LA IGUALDAD, LA NO DISCRIMINACIÓN y EL TRATO JUSTO de TODO aquel que habite nuestro país y no se debería que especificar quiénes se incluyen, ya que se debe dar por sentado que incluyen a todos.

TODOS deben tener derecho a un salario justo y que correspondan a sus competencias y habilidades, no que el salario dependa de si es hombre blanco de edad y sexualidad específica y que por ser mujer afro descendiente de una edad y una sexualidad diferente a la del promedio y con una incapacidad física entonces su sueldo será ¿¿qué??, ¿50% menos que el del primer ejemplo?.

TODOS  deberían poder casarse y tener los mismos derechos dentro de su "sociedad marital", ya sea mujer aria con hombre afro-descendiente, mujer de buenos ingresos con hombre con bajos ingresos, hombre con hombre, mujer con mujer, persona con deficiencia física con persona con una salud formidable y cualquier tipo de combinación que se le pueda ocurrir. Deberíamos celebrar el amor sobre cualquier diferencia ideológica individual, ya que realmente es el amor lo que construye familia y comunidad.

Las barreras deben comenzar a eliminarse desde nosotros mismos, desde las propias auto-etiquetas que nos auto-imponemos, desde las especificaciones y apellidos en las leyes, desde nuestras ganas de ser diferentes y aprovecharnos de esa diferencia. Todos somos iguales y todos deberíamos tener las mismas oportunidades que las demás personas. Sí bien es cierto, hay veces donde necesitamos que las leyes nos lo recuerden, como el caso de la reglamentación de las rampas o las zonas de acceso para personas en silla de ruedas o ciegos, creo que debemos avanzar y comenzar a pensar REALMENTE en una sociedad incluyente, donde las diferencias no sean extrañas sino algo común y que disfrutemos precisamente de la diversidad que cada una de ellas nos otorga en nuestra vida y en nuestra propia existencia.
 Diversidad

sábado, 11 de febrero de 2012

El equilibrio

En el Kybalión se exponen varios principios de la alquimia, entre ellos el de correspondencia que dice “Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba. Afirma que este principio se manifiesta en los tres Grandes Planos: El Físico, El Mental y El Espiritual”, es decir, todo tiene un opuesto que equilibra la balanza del universo.

Éste principio es una de las bases que rigen los modelos de urbanidad o las bases de la interacción humana de forma armónica. “El dar para recibir” y el “no le hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti” entran en éste principio. Éste tema también lo he tocado anteriormente, pero en ésta oportunidad quiero relacionarlo específicamente con nuestras relaciones interpersonales.

Es de gusto particular el integrar éste principio a mis relaciones con todo el mundo, así, solo puedo esperar y exigir lo que he dado, es decir, si a una persona no le he dedicado tiempo y no he estado en los momentos críticos de su vida, no puedo exigirle que esté en los míos, por el contrario, si he dedicado gran parte de mi tiempo a esa relación, esperaré lo mismo dela otra persona.

Muchos creen que los otros tienen la obligación de actuar de cierta forma por el simple hecho de tener una relación de amistad, aún sin ver que el actuar no ha sido equivalente a lo requerido, y se molestan por no recibir el apoyo deseado.

Lo que hay que entender en éste punto, es que nadie está obligado a ejecutar una acción que no esté alineada a sus principios morales y éticos, pero si llegado el caso se llega a exigir, uno debe estar dispuesto a asumir las consecuencias de los actos, ya que en éste mundo “Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte o azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley. El Kybalión”. Al exigir y cumplirse la exigencia se acepta que el otro puede pedir algo con el mismo valor a lo exigido, el exigir es inherentemente un permiso concedido al otro de realizar la misma acción equivalente, ya que no se puede esperar a que una acción en éste mundo no traiga un efecto ni que traiga una equivalencia.

Si deseas que las personas te amen, ámate primero a ti mismo y luego a los otros, si quieres que los otros te amen por encima de muchas cosas, ámalos primero por encima de otras cosas. Si quieres ser feliz, ayuda a los otros a ser felices, claro, sin pasar por tu propia felicidad, porque como en todos los casos, los excesos también son perjudiciales tanto como la ausencia de algo. Es malo el exceso de amor porque puedes malcriar a alguien, como la ausencia de él, lo cual puedes generar terribles cicatrices.

Éste principio evoca la justicia, la equidad, el respeto, la tolerancia y el amor.

Nosotros somos parte de un sistema social generado a partir de los “espejos sociales”, en donde nuestros deseos son proyectados a través de los otros y son saciados al mismo tiempo utilizando al Otro como herramienta. El otro no es nada sin el yo, el otro se vuelve un Otro en la medida en que el Yo lo reconoce y deposita en él una carga afectiva que moldea y transforma a conveniencia. Así, para nosotros poder sanar nuestras relaciones sociales, primero debemos eliminar nuestros demonios internos, lo que llevará a cambiar nuestra percepción del mundo.

Así, para que los otros cambien, yo primero debo cambiar (principio de correspondencia y causa y efecto), yo debo estar dispuesto a cambiar algo de mi, a perder algo de mi que compensará con el mismo valor lo que quiero. Es por eso que si quieres dejar algún vicio, lo cual es de gran placer para ti, debes sacrificar algo de igual valor, es decir, el placer de hacerlo, pero obtendrás algo bueno e igual de preciado.

Es importante tener éste principio en mente en todas nuestras relaciones, de ésta manera, no cometeremos el error de agredir o pasar por encima del otro sin razón aparente y luego exigir una buena actitud. Aplicar éste principio en todas nuestras esferas sociales, traerá consigo un cambio radical en el ambiente y en el clima de nuestras relaciones.

Cuarto_Chakra-anahata