lunes, 2 de mayo de 2011

Acerca de la vida

Cada uno de nosotros posee una forma de concebir la vida de una manera propia y particular, todo a partir de nuestras propias experiencias y relaciones, lo cual esta semana me ha llevado a reflexionar acerca de mi propia visión cosmogónica del mundo.

Personalmente creo que hay tres principios que rigen nuestra vida; El principio del deseo; El principio de la reciprocidad o equivalencia; El principio del orden.

Estos tres principios son el resultado de la forma como administramos nuestra energía y cómo nuestra frecuencia molecular interactúa.

Personalmente creo que el ser humano es solo el reflejo de la interacción de moléculas y su resultado físico es el resultado de la frecuencia en que estas interactúan. Cada ser humano es diferente precisamente por esta interacción molecular, y esta frecuencia generada impacta no solo en todo lo que conforma el cuerpo, sino en todo su ambiente. Sería algo como el efecto de acción-reacción, toda acción generada a nivel molecular genera una reacción en su entorno y en moléculas cercanas.

Esta frecuencia generada en sí por las partículas que conforma nuestro sistema, son las encargadas de generar energía. El ser humano es capaz de generar una frecuencia que integra un sinnúmero de moléculas que unidas conforman nuestro cuerpo físico. Esta capacidad de generar esta frecuencia también nos da el poder de controlar nuestro entorno y es la base a los tres principios de los que hablé anteriormente, así, el primer principio “el del deseo”, es esta fuerza que integra, impulsa y mueve todo nuestro actuar. Desde que las dos células base se unieron en nuestra concepción, “el deseo de” es impartido en nosotros, en un principio el deseo de nuestros padres, y que posteriormente se convertirá en “el deseo propio” a través de la introyección e internalización.

El ser humano parte de un deseo externo que evoluciona y da una nueva vida, un nuevo conjunto de moléculas vibrantes que se van configurando hasta tomar una figura humanoide y posteriormente en un ser viviente, en un principio, un animal.

Este “animal” será cubierto por los deseos de sus padres que estarán enfocados a la introducción a la cultura y que posteriormente dará paso al siguiente principio que es “el de la norma”.

La cultura está basada en normas, reglas y tabús. Estas normas, reglas y tabús son transmitidas de generación en generación de manera consciente e inconsciente. El recién nacido desde el momento en que nace es inundado de toda esta energía y que con el tiempo, comenzará a interpretar y captar, dando origen a su esencia primaria.

El ser por naturaleza organiza y tiene este impulso como una manera de supervivencia, categorizando y organizando todos los estímulos de su alrededor. De los primeros sistemas de categorización está el contacto, comenzando a diferenciar entre estímulos aversivos y estímulos placenteros. Estas sensaciones de bienestar o malestar pronto están asociadas a los sistemas de comunicación no verbal de los seres humanos, como lo son los gestos y los tonos de la voz. Todo este proceso está relacionado a un proceso evolutivo dentro del ser humano en donde a través de estos sistemas de asociación, van generando redes conceptuales cada vez más complejas. Posteriormente vendrán sistemas de orden más complejos relacionados con los sistemas primarios como lo es el lenguaje, la gramática, los números, las matemáticas, entre otros.

El ser humano va internalizando a través del deseo de sus padres, quienes en principio son el puente entre su naturaleza animal y su naturaleza humana. El principio del orden está relacionado a un sinnúmero de eventos evolutivos, como es la internalización “del nombre del padre” de Freud y que posteriormente es trabajado por Lacan.

Ahora, el principio de reciprocidad o equivalencia parte también con relación al principio del deseo. Toda acción genera una reacción, toda transferencia de energía genera un proceso de equivalencia con el fin de balancear las cargas, así mismo todo dar implica un recibir.

Este principio se ve también muy marcado en diferentes religiones y creencias, como lo es la cábala, la alquimia, el hinduismo, catolicismo, entre otros. Frases como; “hay que dar para recibir”, “no le hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti”, “ojo por ojo, diente por diente” denotan este principio, pero más allá de refranes populares, guardan la relación con “el poder de la palabra”.

El ser es deseo, es energía, son vibraciones, frecuencias que impacta en su entorno. El deseo se transmite y es captado y procesado por el entorno, por otras moléculas que al mismo tiempo, reaccionan ante estos estímulos y ante lo que “su deseo” interpreta y generan una red de estímulos y respuestas reciprocas y equivalentes a la energía utilizada. Bajo este principio también entra la popular frase; “cada quien obtiene lo que se merece”, es decir, si el sistema de interpretación conceptual que el grupo de moléculas ha desarrollado a través de su interacción con su entorno, emite una longitud de onda que genera una “energía negativa” muy probablemente atraerá más “energía negativa” y viceversa. “La ley de la atracción” entra a formar parte de este juego entre los principios, así, sí la interpretación de un ser con respecto a su entorno es negativa, y ve todo como un sinnúmero de estímulos aversivos, lo más probable es que solo interprete y se enfoque en esta clase de estímulos percibiendo con más fuerza precisamente su principal enunciado; “a mi solo me suceden cosas malas”, de la misma forma sucede con las personas que emiten un patrón de onda a través de su deseo y que en reciprocidad perciben lo positivo.

El ser humano tiene el don y el poder de crear su propia realidad, de atraer todo lo que desea, de disfrutar de su propio ser y de alcanzar su propio cielo o infierno. Pero para esto primero debe crear orden, debe generar armonía entre su materia, con el fin de poder emitir la frecuencia y por consiguiente la energía que desea.  Una estructura caótica no es capaz de transmitir una idea o un deseo claro y armónico, fácil de interpretar por otras estructuras, a diferencia de una estructura ordenada.

Unos padres que transmiten un deseo contradictorio y confuso a un recién nacido, generarán un ser inseguro y con una energía posiblemente disonante. Unos padres que transmitan la armonía del amor, de la seguridad, el orden, generarán un ser de abundancia, con confianza y positivo.

El principio del cambio debe darse es desde estos tres principios de la vida, así si uno desea realizar un cambio real, primero debe traer orden a su vida, comenzando desde formas de interpretación del mundo básico como es la palabra. Esto se puede realizar a través de programación neurolingüísticas y terapias cognitivas, con el fin de eliminar pequeños vicios que pueden generar grandes cambios preceptivos, como con tan solo el hecho de comenzar a ganar un lenguaje enfocado a lo positivo y no a lo negativo, a lo propositivo y no a lo coercitivo.

Otro de los focos del cambio, debe realizarse a través de “la limpieza de los deseos”, identificando, reafirmando y asimilando nuestros deseos propios y depurándolos de los deseos impuestos por “otros”. Esto se puede realizar a través de terapias “regresivas” o psicoanalíticas que nos permitan comenzar a darnos cuenta del origen de muchos de nuestros pensamientos, ya sean positivos o negativos, y a partir de esto generar cambios de base en nuestra estructura. “El primer paso es reconocer el síntoma”, “la enfermedad”, luego de esto y del auto reconocimiento y redescubrimiento, el ser humano es capaz de internalizar muchos procesos, herramientas y conceptos necesarios para el cambio.

Por último, el ser debe comenzar a estar dispuesto tanto a perder como a ganar, “para ganar algo de gran valor, se debe estar dispuesto a entregar algo de la misma cuantía”. No se puede pretender realizar un cambio sin realmente cambiar el estilo de vida que se lleva. Si no hay un real deseo del cambio, una verdadera cantidad de energía a intercambiar, no habrá resultado y cualquier tratamiento o terapia a realizar, no generará fruto. Hay muchos pasos que pueden darse para comenzar a alistarse para el cambio, como por ejemplo el comenzar a limpiar “el Karma y el Dharma”, comenzar a generar acciones buenas que al mismo tiempo, nos brindará confianza en nosotros y nos llenará de retribuciones y energías positivas. El hacer un bien a alguien y sentir la gratitud del Otro siempre nos fortalecerá e impulsará a generar más bien. Este primer paso nos impulsará a prepararnos para el cambio y a llenarnos de valor, confianza y amor propio. Pequeños cambios en nuestra vida pueden ser grandes puertas al mejoramiento de nuestro bienestar. El comenzar a hacer ejercicio, el salir a caminar a campo traviesa, el ponernos en contacto con la naturaleza también nos impulsará a oxigenarnos y llenarnos de nuevas energías.

Una vez realicemos estos cambios, nuestra frecuencia cambiará y comenzaremos a atraer lo que hemos de desear, es decir, nuestro bienestar.

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